jueves, 26 de octubre de 2017

DIMENSIONES DEL ABANDONO DEL LÍMITE

Hoy os planteo esta cuestión:
Si hay cuatro dimensiones en el abandono del límite mental, entonces es que el límite limita de cuatro maneras distintas: pero entonces hay que explicar cómo el límite, que es la unicidad, limita de un modo plural.
Se me ocurre esto:
En orden a la persistencia supratemporal, el límite es lo actual, y por ello limita e impide la advertencia de la mutua vigencia de los primeros principios.
En orden a la ocurrencia esencial, el límite es inefectivo, está exento, y así limita el encuentro de la concausalidad extramental.
En orden a alcanzar la coexistencia personal, el límite señala la ausencia del carácter de pensante en lo pensado, por eso limita la búsqueda personal.
Y en orden al acontecer esencial de la persona, ver-yo y querer-yo, el límite carece de profundidad, de altura, es chato, o está privado de interioridad, y así limita el ascenso hasta el ápice de la esencia humana que es el yo.
En todo caso el límite es una detención de la actividad.
¿Qué os parecen estas reflexiones?

6 comentarios:

Unknown dijo...

Visto ingenuamente, la forma geométrica es lo más representativo de la unicidad. Pero poco a poco el ser humano va desarrollando su capacidad de dominio sobre lo externo a él, para confundirlo incluso con esa forma unificada que es interior a él. Retrocede incluso por largo tiempo creyendo que esa unificación es la base de ese dominio de lo exterior. Pero por pretender esa certeza en su dominación, extendiéndola hasta la co-existencia; decae de tal modo, que hace posible la autoaniquilación. Es aquí donde reacciona como amante y se re-posiciona en la sinfonía material-espiritual para entenderse a sí mismo, desde fuera como parte de una creación pasmante, muy rica, y además libre. La pretendida unicidad se revuelve a explicaciones infinitas que solo pueden explicarse abandonando la pretendida unicidad.

Joseph Kabamba dijo...

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Para pensar hay que pararse.

Y para vivir hay que introducir el límite. Parar la actividad.

Excelente

Unknown dijo...

A lo dicho, puede servir una cita de AT2: "el punto de partida de la tercera dimensión del abandono del límite mental no es su tema, ni el tema de su tema solidario, sino la presencia mental en tanto que equivale a exención. Punto de partida comporta que la co‑existencia no ha de distinguirse de la nada. Éste es el sentido más estricto de la exención presencial. Dicha exención no juega en la primera dimensión del abandono del límite, la cual prescinde de la presencia mental porque de otro modo no se advierte la persistencia, es decir, el comienzo extra nihilum. La persistencia se corresponde con la concentración atencional propia de la primera dimensión del abandono del límite. Por su parte, la Identidad Originaria se advierte sin solidaridad temática, es decir, como insondable al concentrar la atención. Así se distingue la primera dimensión de la tercera[213]. La primera advierte el Origen como insondable; la tercera reserva al intellectus ut co‑actus su tema (no lo alcanza), pero es solidaria temáticamente con el intelecto personal (no con el tema de éste). Aunque no cabe dudar de que la persona humana es creada, el carácter de además no la alcanza de la manera en que se advierte el comienzo. Según lo anotado, la persistencia como acto de ser es distinta de la co‑existencia ..."

Unknown dijo...

Otra entrada crucial es: "El carácter de además abandona el límite mental de la manera más estricta y, por eso, es la dimensión del abandono del límite mental que encierra más dificultades. En cierto modo, las otras dimensiones del abandono del límite mental no excluyen el conocimiento objetivo de su temática, por lo que vienen a ser como reacciones frente a los inconvenientes que dichas objetivaciones comportan. Dicha reacción es muy fuerte en la primera dimensión del abandono del límite, que ha de declarar la incompetencia de la presencia mental para evitar la macla objetiva de los primeros principios. Asimismo, la segunda dimensión tiene que prescindir de la objetivación para explicitar la ocurrencia de las concausalidades, excluyendo la extrapolación de las formas pensadas, la interpretación del movimiento físico como cambio entre supuestos, y la suposición del efecto. A su vez, la cuarta dimensión detecta que el yo objetivado queda privado del ver, y si se intenta restituírselo con la noción de sujeto pensante se incurre en simetría: al formular el conocimiento como relación sujeto-objeto, se degrada la operación inmanente confundiéndola con un proceso físico y se pierde la noción de hábito. En cambio, la co‑existencia es solidaria con el carácter de además, por lo que es imposible su traducción intencional. La noción objetiva de persona no tiene nada que ver con ella. El carácter de además sólo se alcanza desaferrándose de la presencia mental

jorge mario posada dijo...

El límite limita de acuerdo con su carácter de ser constancia y mismidad de lo inteligido, así que de manera constante y misma; pero caben cuatro maneras de abandonarlo. En orden al persistir prescindiendo sin más de él y, más aún, de cualquier presencia mental aun si enriquecible como la de los hábitos intelectuales adquiridos o la de la sindéresis como ver-yo; en orden a las concausalidades como ocurrir extramental, el límite es manifestado y pugna al prescindir tan sólo de la objetivación; en orden al carácter de además, el límite es mantenido pero desaferrándose de él: el desaferrarse equivale al además; y en orden al enriquecimiento esencial el límite es asimismo mantenido pero quedándose en torno de él, y englobándolo.

Unknown dijo...

El abandono del límite corresponde a la presencia -que se oculta- y por ello es un límite, pero: "La co-existencia es novedad con punto de partida; es creada. Pero es capaz de volver a la esencia porque no prescinde del punto de partida. Y en esto se distingue del acto de ser del universo material, el cual carece de punto de partida". Según sea la presencia, es decir, la diferencia entre ángeles, Adán, la Virgen María, Jesús, etc. el límite y por tanto, su abandono; será también distinto.