martes, 18 de febrero de 2014

LA PRESENCIA MENTAL

En su libro póstumo recién publicado (Epistemología, creación y divinidad. Eunsa, Pamplona 2014; p. 249) Polo distingue hasta seis tipos de presencia mental:
- la humana limitada por detenida
- la presencia divina eterna e infinita
- la presencia característica del conocimiento humano de Cristo
- la presencia de los ángeles
- la de Adán antes de la caída
- y la de la virgen santísima.
¿Supone esta clasificación alguna novedad en la filosofía de Polo?

6 comentarios:

Unknown dijo...

No he tenido a mano el libro, pero en AT2 Polo afirma que querer-yo puede elevarse más que el hábito de los primeros principios. Cada co-existir personal, así elevado, como es el caso de los ángeles y las Personas Divinas (previas a este co-existir humano) llegará a ser un tipo de presencia distinto cuando tenga lugar el ser-además de ese modo.

Joseph Kabamba dijo...

.
Polo nos había hablado de la Belleza de María.
Ahora nos la muestra durmiente, pura, pura transparencia.

Para Cristo, el límite mental no es límite, sino todo lo contrario, su conocimiento es penetrativo. Si la materia retrasa, Cristo futuriza.
.

Unknown dijo...

El límite en Cristo es adelanto de la salvaguarda perfecta, la de un cuerpo traspasado por completo por el espíritu. Por eso dice Polo: "El alma de Cristo sería la esencialización de la persona humana" porque ese traspaso tendrá lugar.

Unknown dijo...

Por lo pronto cabría admitir modos humanos de presencia mental superiores a la limitada, según los hábitos adquiridos y en cierta medida según la sindéresis que es englobante justamente de la presencia mental tanto de los hábitos adquiridos cuanto de las operaciones objetivantes, a las que compete ser presencia mental limitada o según actualidad.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Francisco Molina dijo...

Me gustaría tener más tiempo y capacidad para volver a leer y pensar este gratísimo tema.
Como tantas propuestas de d. Leonardo, para mí estas afirmaciones han sido una sorpresa, una gratísima sorpresa. Pero, claro, pienso que nuestra presencia estará siempre supeditada al conocimiento que tengamos de Jesucristo, y de la Virgen María. Y no digamos en la tierra.